Mensaje de Pascua y bendición Urbi et Orbi del Papa Francisco: "Lleven a todos la alegría y la esperanza de Cristo resucitado"

bendicion"Jesucristo, encarnación de la misericordia de Dios, ha muerto en cruz por amor, y por amor ha resucitado. Por eso hoy proclamamos: ¡Jesús es el Señor!"

Resuenan fuertes las palabras del Sucesor de Pedro pronunciadas desde el balcón central de la Basílica Vaticana, dirigidas a la Ciudad de Roma y al Mundo, en este 2016, Año de la Misericordia.

Después de presidir la Santa Misa de Pascua, en una plaza de San Pedro repleta de peregrinos y fieles provenientes de diversas partes del mundo, decorada con flores para la ocasión, y de prodigar saludos y bendiciones a los fieles presentes en un breve recorrido con el Papamóvil, el Pontífice subió al balcón central de la Basílica de san Pedro para impartir su mensaje Urbi et Orbi en el año Jubilar de la Misericordia.

Afirmando que "la resurrección de nuestro Señor Jesucristo cumple la profecía del Salmo «La misericordia de Dios es eterna», el padre y Pastor de la Iglesia Universal reiteró que "el amor de Jesús amor es para siempre, nunca muere", y, constatando las realidades de un mundo "lleno de personas que sufren en el cuerpo y en el espíritu", con "crónicas diarias repletas de informes sobre delitos brutales", y de "conflictos armados a gran escala", proclamó, una vez más, la esperanza que nos llega de Jesús Resucitado.

El primer pensamiento del Papa fue a la querida Siria, "país desgarrado por un largo conflicto, con su triste rastro de destrucción, muerte, desprecio por el derecho humanitario y la desintegración de la convivencia civil". El pontífice encomendó al poder del Señor las conversaciones en curso para que se puedan recoger los frutos de paz y emprender la construcción de una sociedad fraterna.

Un intercambio fecundo entre pueblos y culturas deseó para las zonas de la cuenca del Mediterráneo y de Medio Oriente, en particular en Irak, Yemen y Libia, como también la convivencia pacífica entre israelíes y palestinos en Tierra Santa, a través de "un compromiso cotidiano de trabajar en la construcción de los cimientos de esa paz". También rezó por una solución definitiva de la guerra en Ucrania, y para que "el Señor de la vida" avive nuestra cercanía a las víctimas del terrorismo", esa "forma ciega y brutal de violencia que no cesa de derramar sangre inocente en diferentes partes del mundo".

Con un pensamiento particular puesto en Burundi, Mozambique, la República Democrática del Congo y en el Sudán del Sur, el Obispo de Roma elevó una plegaria para que el Señor "lleve a buen término las perspectivas de paz en África", y deseó, asimismo, que el mensaje pascual "se proyecte también sobre el pueblo venezolano, en las difíciles condiciones en las que vive, así como sobre los que tienen en sus manos el destino del país, para que se trabaje en pos del bien común, buscando formas de diálogo y colaboración entre todos".

Con los hermanos y hermanas emigrantes y refugiados que huyen de la guerra, el hambre, la pobreza y la injusticia social en su corazón, el Obispo de Roma deseó que "la próxima Cumbre Mundial Humanitaria no deje de poner en el centro a la persona humana".

También la tierra, nuestra casa común, "maltratada y vilipendiada por una explotación ávida de ganancias", en el mensaje del Papa de este 2016, con una particular mención a "las zonas afectadas por los cambios climáticos que en ocasiones provoca sequía o inundaciones, con las consiguientes crisis alimentarias".

Por último, a todos los que han perdido toda esperanza y el gusto de vivir, a los ancianos abrumados que en la soledad sienten perder vigor, a los jóvenes a quienes parece faltarles el futuro, el Vicario de Cristo proclamó la esperanza del mensaje que nos da Jesús Resucitado: «Mira, hago nuevas todas las cosas... al que tenga sed yo le daré de la fuente del agua de la vida gratuitamente» (Ap 21,5-6).

"Que este mensaje consolador de Jesús nos ayude a todos nosotros a reanudar con mayor vigor la construcción de caminos de reconciliación con Dios y con los hermanos".

Texto completo del Mensaje Urbi et Orbi del Papa Francisco en la Pascua 2016

«Dad gracias al Señor porque es bueno

Porque es eterna su misericordia» (Sal 135,1)

Queridos hermanos y hermanas, ¡Feliz Pascua!

Jesucristo, encarnación de la misericordia de Dios, ha muerto en cruz por amor, y por amor ha resucitado. Por eso hoy proclamamos: ¡Jesús es el Señor!

Su resurrección cumple plenamente la profecía del Salmo: «La misericordia de Dios es eterna», su amor es para siempre, nunca muere. Podemos confiar totalmente en él, y le damos gracias porque ha descendido por nosotros hasta el fondo del abismo.

Ante las simas espirituales y morales de la humanidad, ante al vacío que se crea en el corazón y que provoca odio y muerte, solamente una infinita misericordia puede darnos la salvación. Sólo Dios puede llenar con su amor este vacío, estas fosas, y hacer que no nos hundamos, y que podamos seguir avanzando juntos hacia la tierra de la libertad y de la vida.

El anuncio gozoso de la Pascua: Jesús, el crucificado, «no está aquí, ¡ha resucitado!» (Mt 28,6), nos ofrece la certeza consoladora de que se ha salvado el abismo de la muerte y, con ello, ha quedado derrotado el luto, el llanto y la angustia (cf. Ap 21,4). El Señor, que sufrió el abandono de sus discípulos, el peso de una condena injusta y la vergüenza de una muerte infame, nos hace ahora partícipes de su vida inmortal, y nos concede su mirada de ternura y compasión hacia los hambrientos y sedientos, los extranjeros y los encarcelados, los marginados y descartados, las víctimas del abuso y la violencia. El mundo está lleno de personas que sufren en el cuerpo y en el espíritu, mientras que las crónicas diarias están repletas de informes sobre delitos brutales, que a menudo se cometen en el ámbito doméstico, y de conflictos armados a gran escala que someten a poblaciones enteras a pruebas indecibles.

Cristo resucitado indica caminos de esperanza a la querida Siria, un país desgarrado por un largo conflicto, con su triste rastro de destrucción, muerte, desprecio por el derecho humanitario y la desintegración de la convivencia civil. Encomendamos al poder del Señor resucitado las conversaciones en curso, para que, con la buena voluntad y la cooperación de todos, se puedan recoger frutos de paz y emprender la construcción una sociedad fraterna, respetuosa de la dignidad y los derechos de todos los ciudadanos.

Que el mensaje de vida, proclamado por el ángel junto a la piedra removida del sepulcro, aleje la dureza de nuestro corazón y promueva un intercambio fecundo entre pueblos y culturas en las zonas de la cuenca del Mediterráneo y de Medio Oriente, en particular en Irak, Yemen y Libia. Que la imagen del hombre nuevo, que resplandece en el rostro de Cristo, fomente la convivencia entre israelíes y palestinos en Tierra Santa, así como la disponibilidad paciente y el compromiso cotidiano de trabajar en la construcción de los cimientos de una paz justa y duradera a través de negociaciones directas y sinceras. Que el Señor de la vida acompañe los esfuerzos para alcanzar una solución definitiva de la guerra en Ucrania, inspirando y apoyando también las iniciativas de ayuda humanitaria, incluida la de liberar a las personas detenidas.

Que el Señor Jesús, nuestra paz (cf. Ef 2,14), que con su resurrección ha vencido el mal y el pecado, avive en esta fiesta de Pascua nuestra cercanía a las víctimas del terrorismo, esa forma ciega y brutal de violencia que no cesa de derramar sangre inocente en diferentes partes del mundo, como ha ocurrido en los recientes atentados en Bélgica, Turquía, Nigeria, Chad, Camerún y Costa de Marfil; que lleve a buen término el fermento de esperanza y las perspectivas de paz en África; pienso, en particular, en Burundi, Mozambique, la República Democrática del Congo y en el Sudán del Sur, lacerados por tensiones políticas y sociales.

Dios ha vencido el egoísmo y la muerte con las armas del amor; su Hijo, Jesús, es la puerta de la misericordia, abierta de par en par para todos. Que su mensaje pascual se proyecte cada vez más sobre el pueblo venezolano, en las difíciles condiciones en las que vive, así como sobre los que tienen en sus manos el destino del país, para que se trabaje en pos del bien común, buscando formas de diálogo y colaboración entre todos. Y que se promueva en todo lugar la cultura del encuentro, la justicia y el respeto recíproco, lo único que puede asegurar el bienestar espiritual y material de los ciudadanos.

El Cristo resucitado, anuncio de vida para toda la humanidad que reverbera a través de los siglos, nos invita a no olvidar a los hombres y las mujeres en camino para buscar un futuro mejor. Son una muchedumbre cada vez más grande de emigrantes y refugiados —incluyendo muchos niños— que huyen de la guerra, el hambre, la pobreza y la injusticia social. Estos hermanos y hermanas nuestros, encuentran demasiado a menudo en su recorrido la muerte o, en todo caso, el rechazo de quien podrían ofrecerlos hospitalidad y ayuda. Que la cita de la próxima Cumbre Mundial Humanitaria no deje de poner en el centro a la persona humana, con su dignidad, y desarrollar políticas capaces de asistir y proteger a las víctimas de conflictos y otras situaciones de emergencia, especialmente a los más vulnerables y los que son perseguidos por motivos étnicos y religiosos.

Que, en este día glorioso, «goce también la tierra, inundada de tanta claridad» (Pregón pascual), aunque sea tan maltratada y vilipendiada por una explotación ávida de ganancias, que altera el equilibrio de la naturaleza. Pienso en particular a las zonas afectadas por los efectos del cambio climático, que en ocasiones provoca sequía o inundaciones, con las consiguientes crisis alimentarias en diferentes partes del planeta.

Con nuestros hermanos y hermanas perseguidos por la fe y por su fidelidad al nombre de Cristo, y ante el mal que parece prevalecer en la vida de tantas personas, volvamos a escuchar las palabras consoladoras del Señor: «No tengáis miedo. ¡Yo he vencido al mundo!» (Jn 16,33). Hoy es el día brillante de esta victoria, porque Cristo ha derrotado a la muerte y su resurrección ha hecho resplandecer la vida y la inmortalidad (cf. 2 Tm 1,10). «Nos sacó de la esclavitud a la libertad, de la tristeza a la alegría, del luto a la celebración, de la oscuridad a la luz, de la servidumbre a la redención. Por eso decimos ante él: ¡Aleluya!» (Melitón de Sardes, Homilía Pascual).

A quienes en nuestras sociedades han perdido toda esperanza y el gusto de vivir, a los ancianos abrumados que en la soledad sienten perder vigor, a los jóvenes a quienes parece faltarles el futuro, a todos dirijo una vez más las palabras del Señor resucitado: «Mira, hago nuevas todas las cosas... al que tenga sed yo le daré de la fuente del agua de la vida gratuitamente» (Ap 21,5-6). Que este mensaje consolador de Jesús nos ayude a todos nosotros a reanudar con mayor vigor la construcción de caminos de reconciliación con Dios y con los hermanos. ¡Tenemos tanta necesidad!

Fuente: www.news.va

“Resucitar interiormente para vivir una vida santa en esta tierra que tanto necesita del testimonio y de nuestra vida de católicos”

bendicion2Destacó Mons. Juan Ignacio González en la homilía de la Misa de Resurrección celebrada este Sábado Santo en la Catedral de San Bernardo.

La vigilia comenzó en el atrio del templo con la solemne bendición del fuego, con el cual se encendió el cirio pascual, signo de Cristo resucitado. Luego, los monaguillos fueron prendiendo las velas de los fieles que se congregaron en el templo para participar de la ceremonia litúrgica, en la que se celebra la Resurrección de nuestro Señor Jesucristo.

El pregón pascual recordó la historia de la salvación. Concluidas las siete lecturas del Antiguo Testamento el cántico de los Ángeles anunciaron el nacimiento del Salvador.

En su homilía el Obispo de San Bernardo señaló que "Estamos en la noche más santa de todas las noches, la vigilia de la Resurrección del Señor. Hemos recorrido los pasajes del antiguo testamento que nos anuncian la grandeza del señor y la misericordia para con los hombres...Pidamos en esta noche santa que en cada uno de nosotros arraigue con más fuerza el don de la fe para creer verdaderamente que nuestra vida vivida en esta tierra termina para siempre con Cristo en Dios en la resurrección".

Además destacó que "El Señor nos levanta, nos llama, que nadie se sienta excluido, alejado, solo, porque el Señor resucitado nos llama a todos y esa es la misión que nos está convocando la iglesia a través del Papa Francisco, mostrar a todos los hombres, mujeres y seres humanos que Dios, es Dios de Misericordia y que se expresa en Jesucristo, toda su enseñanza, parábolas, todo su paso por esta tierra fue un signo claro de misericordia de Dios con nosotros, llamo a los pecadores, a los que estaban lejos busco a los que estaban solos, curo a los enfermos, resucitó a los muertos; esa es nuestra misión hoy, y esa misión se funda en que Cristo está resucitado, el Señor vive".

Enfatizó a "Resucitar interiormente para vivir una vida santa en esta tierra que tanto necesita del testimonio y de nuestra vida de católicos, de hombres y mujeres comprometidos con el Señor y también que el Señor aumente nuestra fe en la resurrección final, después de esta vida empieza la otra, esta vida es un momento, la otra vida es para siempre".

Luego, el Obispo de San Bernardo bendijo el agua, y nuevamente las velas de los asistentes se volvieron a encender para renovar las promesas bautismales, renunciando al pecado para renacer a una vida nueva.

La gran vigilia pascual culminó con el repique de las campanas de la Catedral que anunciaron que Cristo Jesús ha resucitado.

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Obispo de San Bernardo al clero diocesano: “Orar es la principal obligación de un sacerdote”

crismaFue el llamado de Monseñor Juan Ignacio González a los presbíteros durante la celebración de la Misa Crismal de este Miércoles Santo, en donde además los instó a vivir con devoción el Jubileo de la Misericordia.

Como ya es una tradición, numerosos fieles llegaron hasta la Iglesia Catedral para acompañar a los presbíteros y religiosos, quienes renovaron ante el Sr. Obispo sus promesas sacerdotales, realizadas el día de su ordenación.

En su homilía el prelado de San Bernardo señaló que "Hemos sido ungidos y la unción que un día recibimos se extiende a toda la vida sacerdotal. Jesús es el Ungido de Dios, el elegido para venir a salvarnos y nosotros al ser ungidos nos hacemos continuadores de su misión. Somos, en un sentido ontológico, el mismo Cristo, alter Christus y el mundo nos necesita y nos exige vivir y ser siempre como el Señor".

Además destacó que "Hoy renovamos nuestra decisión de caminar con el Señor y de guiar al pueblo de Dios hacia Él. El Papa nos está pidiendo que en este Año de la Misericordia miremos especialmente a los más abandonados, del cuerpo y del alma, a los descartados de la sociedad, a los que se sienten excluidos de la sociedad o de la Iglesia".

"Pido a todos que nos acerquemos al que sufre, especialmente a tantas personas que - particularmente los jóvenes - que no se sienten atraídos por el mensaje del Señor, que miran la vida de la Iglesia y quizá nuestra propia vida, desde lejos. ¿Cómo lo haremos? Estando allí donde ellos están, buscándoles con fortaleza, sabiduría, gracia cercanía y mostrándoles una vida virtuosa, dedicada completamente a los demás. Mostremos a Dios con nuestra vida, recordando esa frase de uno que visitó al Santo Cura de Ars, "He encontrado a Dios en un hombre"".

Asimismo señaló "Hace pocos días el Papa Francisco dirigiéndose a un grupo de Obispos, nos señaló que nuestra principal tarea y obligación es orar. Yo ahora se los recuerdo a cada uno de ustedes. Orar es la principal obligación de un sacerdote"

Al finalizar insto a los fieles a rezar por los sacerdotes, por las vocaciones a la vida religiosa y por destacó que "El tiempo difícil y confuso que vive el mundo y la misma Iglesia, exige de nosotros, como se lo he dicho a muchos, trabajo incesante, oración perseverante y silencio generoso, porque nuestra vida debe estar escondida con Cristo en Dios, como dice la Escritura".

A continuación se procedió a la renovación de las promesas sacerdotales. El Sr. Obispo se dirigió a los presbíteros, quienes afirmaron en voz alta su fidelidad al sacerdocio.

Acto seguido, Monseñor Juan Ignacio consagró el Santo Crisma y bendijo los Santos Óleos de los catecúmenos y de los enfermos, que se usarán durante el año en los sacramentos del Bautismo, Confirmación y Unción de los Enfermos.

Con esta solemne ceremonia la Iglesia que peregrina en San Bernardo se prepara a vivir la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo.

 

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Catequesis Papa Francisco en Audiencia General sobre el Triduo Pascual

PapaViernesSAntoEl Papa Francisco dedicó la catequesis de la Audiencia General de este miércoles a los tres días del Triduo Pascual: Jueves, Viernes y Sábado Santo.

"El Triduo Pascual es memorial de un drama de amor que nos dona la certeza que no seremos jamás abandonados en las pruebas de la vida", explicó.

A continuación, el texto completo de la catequesis.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Nuestra reflexión sobre la misericordia de Dios nos introduce hoy al Triduo Pascual. Viviremos el Jueves, el Viernes y el Sábado Santo como momentos fuertes que nos permiten entrar siempre más en el gran misterio de nuestra fe: la Resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Todo, en estos tres días, habla de misericordia, porque hace visible hasta dónde puede llegar el amor de Dios. Escucharemos la narración de los últimos días de la vida de Jesús. El evangelista Juan nos ofrece la clave para comprender el sentido profundo: «Él, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin» (Jn 13,1). El amor de Dios no tiene límites. Como repetía muchas veces San Agustín, es un amor que va "hasta el fin sin fin". Dios se ofrece verdaderamente todo por cada uno de nosotros y no se conserva en nada. El Misterio que adoramos en esta Semana Santa es una gran historia de amor que no conoce obstáculos. La Pasión de Jesús dura hasta el final del mundo, porque es una historia del compartir los sufrimientos de toda la humanidad y una permanente presencia en las vicisitudes de la vida personal de cada uno de nosotros. Pues, el Triduo Pascual es memorial de un drama de amor que nos dona la certeza que no seremos jamás abandonados en las pruebas de la vida.

El Jueves Santo Jesús instituye la Eucaristía, anticipando en el banquete pascual su sacrificio en el Gólgota. Para hacer comprender a los discípulos el amor que lo anima, a ellos les lava los pies, ofreciendo una vez más el ejemplo en primera persona de como ellos mismos deberán actuar. La Eucaristía es el amor que se hace servicio. Es la presencia sublime de Cristo que desea nutrir a cada hombre, sobre todo a los más débiles, para hacerlos capaces de un camino de testimonio entre las dificultades del mundo. No solo. En el darse a nosotros como alimento, Jesús atestigua que debemos aprender a compartir con los demás este alimento para que se convierta en una verdadera comunión de vida con cuantos están en la necesidad. Él se dona a nosotros y nos pide permanecer en Él para hacer lo mismo.

El Viernes Santo es el momento culminante del amor. La muerte de Jesús, que en la cruz se abandona al Padre para ofrecer la salvación al mundo entero, expresa el amor donado hasta el final, hasta el final sin fin. Un amor que busca abrazar a todos, ninguno excluido. Un amor que se extiende a todo tiempo y a cada lugar: un fuente inagotable de salvación a la cual cada uno de nosotros, pecadores, puede acercase. Si Dios nos ha demostrado su amor supremo en la muerte de Jesús, entonces también nosotros, regenerados por el Espíritu Santo, podemos y debemos amarnos los unos a los otros.

Y, finalmente, el Sábado Santo es el día del silencio de Dios. Debe ser un día de silencio, y nosotros debemos hacer de todo para que sea una jornada de silencio, como había sido en aquel tiempo: el día del silencio de Dios. Jesús puesto en el sepulcro comparte con toda la humanidad el drama de la muerte. Es un silencio que habla y expresa el amor como solidaridad con los abandonados de siempre, que el Hijo de Dios alcanza colmando el vacío que solo la misericordia infinita del Padre Dios puede llenar. Dios calla, pero por amor. En este día el amor – aquel amor silencioso – se hace espera de la vida en la resurrección. Pensemos, el Sábado Santo: nos hará bien pensar en el silencio de la Virgen, "la creyente", que en silencio esperaba la Resurrección. La Virgen deberá ser el icono, para nosotros, de aquel Sábado Santo. Pensar mucho como la Virgen ha vivido aquel Sábado Santo; en espera. Es el amor que no duda, pero que espera en la palabra del señor, para que se haga evidente y resplandeciente el día de Pascua.

Es todo un gran misterio de amor y de misericordia. Nuestras palabras son pobres e insuficientes para expresarlo en plenitud. Nos puede ayudar la experiencia de una muchacha, no muy conocida, que ha escrito paginas sublimes sobre el amor de Cristo. Se llamaba Juliana de Norwich, era analfabeta, esta joven, tuvo visiones de la Pasión de Jesús y que luego, en la cárcel, ha escrito, con lenguaje simple, pero profundo e intenso, el sentido del amor misericordioso. Decía así: «Entonces nuestro buen Señor me pregunto: "¿Estas contenta que yo haya sufrido por ti?" Yo dije: "Si, buen Señor, y te agradezco muchísimo; sí, buen Señor, que Tú seas bendito". Entonces Jesús, nuestro buen Señor, dice: "Si tú estás contenta, también yo lo estoy. El haber sufrido la pasión por ti es para mí una alegría, una felicidad, un gozo eterno; y si pudiera sufrir más lo haría"». Este es nuestro Jesús, que a cada uno de nosotros dice: "Si pudiera sufrir más por ti, lo haría".

¡Cómo son bellas estas palabras! Nos permiten entender de verdad el amor intenso y sin límites que el Señor tiene por cada uno de nosotros. Dejémonos envolver por esta misericordia que nos viene al encuentro; y en estos días, mientras tengamos fija la mirada en la pasión y la muerte del Señor, acojamos en nuestro corazón la grandeza de su amor y, como la Virgen el Sábado, en silencio, en la espera de la Resurrección.

Fuente: Aciprensa.com

Horarios Semana Santa 2016

Catedral de San Bernardo horarios
Lunes Santo
19:30 Santa Misa
Martes Santo
12:30 – 19:30 Santa Misa
Miércoles Santo
12:30 Santa Misa
20:00 Misa Crismal (bendición de óleos. Sacerdotes renuevan sus promesas)
Jueves Santo
19:00 Confesiones
20:00 Misa Cena del Señor. Oración ante el Santísimo
Viernes Santo
10:30 – 13:00 Confesiones
15:00 Oficios de la Muerte del Señor
19:00 Solemne Vía Crucis por las calles
Sábado de Santo
10:30 – 13:00 Confesiones
21:00 Solemne Vigilia Pascual
Domingo Pascua de Resurrección
9:00 - 10:30 – 12:00 y 19:30 Santa Misa

Parroquia La Ascensión del Señor - La Pintana
Lunes y martes Santo
19:30 Santa Misa la Ascensión del Señor
20:30 confesiones
Miércoles Santo
20:00 Misa Crismal Catedral San Bernardo
Jueves Santo
20:00 Santa misa Parroquia La Ascensión del Señor (traer alimentos no perecibles para los más necesitados)
21:00 Traslado del Santísimo y Hora Santa de Getsemaní
Confesiones hasta la media noche.
Viernes Santo
10:00 – 13:00 Confesiones en la sede parroquial
15:00 Hora santa de la Pasión y muerte del Señor
20:30 Solemne Vía Crucis por las calles
Sábado Santo
10:00 – 13:00 Confesiones en sede Parroquial
22:00 Solemne Vigilia Pascual Parroquia La Ascensión del Señor
Domingo de Gloria
09:00 capilla Santa Ana
10:30 Parroquia La Ascensión del Señor
12:15 Santuario Sagrado Corazón

Parroquia Santos Ángeles Custodios Buin
Martes Santo
19:30 Santa Misa
Miércoles Santo
20:00 Misa Crismal Catedral San Bernardo
Jueves Santo
19:30 Misa Cena del Señor
20:30 Hora Santa
Viernes Santo
10:00 a 12:00 retiro y confesiones
15:00 Liturgia de la Pasión
18:00 Vía Crucis
Sábado Santo
10:00 a 12:00 retiro y confesiones
21:00 Vigilia Pascual
Domingo de Resurrección
8:00 – 11:30 y 19:30 Santa Misa

Santuario Inmaculada Concepción Maipo
Miércoles Santo
20:00 Misa Crismal Catedral San Bernardo
Jueves Santo
21:00 Misa Cena del Señor
22:30 Acompañar a Jesús en el Huerto
Viernes Santo
10:30 Vía Crucis al Cementerio de Maipo
15:00 Liturgia de la Pasión
18:00 Acompañando a María
19:30 Vía Crucis
Sábado Santo
10:30 Rezo del Santo Rosario junto a María Dolorosa
21:00 Vigilia Pascual
Domingo de Resurrección
9:00 – 12:00 Santa Misa

Parroquia Ntra. Sra. del Molino El Bosque
Miércoles Santo
20:00 Misa Crismal Catedral San Bernardo
Jueves Santo
21:00 Misa Cena del Señor
Viernes Santo
15:00 Liturgia de la Pasión del Señor
19:00 Vía Crucis (traer velas)
Sábado Santo
22:00 Vigilia Pascual (traer velas)
Domingo de Resurrección
12:00 Santa Misa

Parroquia Santísima Trinidad San Bernardo
Lunes Santo
19:30 Santa Misa y Vía Crucis
Martes Santo
19:30 Santa Misa y Vía Crucis
Miércoles santo
20:00 Misa Crismal Catedral San Bernardo
Jueves Santo
20:00 Misa Cena del Señor y Hora Santa (sede parroquial)
20:00 Misa Cena del Señor y Hora Santa (Capilla María Madre de la Divina Gracia, Lomas de Mirasur)
Viernes Santo
10:30 – 13:00 Confesiones
15:00 Liturgia de la Pasión del Señor
19:00 Vía Crucis (traer velas)
Capillas
10:00 -13:00 Confesiones Capilla María Madre de la Divina Gracia, (Lomas de Mirasur)
19:00 Vía Crucis Capilla María Madre de la Divina Gracia, (Lomas de Mirasur)
18:00 Vía Crucis Capilla María Medianera (Nos)
18:30 Vía Crucis Capilla San Josemaría (Las Alamedas)
18:30 Vía Crucis Santa Matilde
Sábado Santo
10:30 – 13:00 Confesiones
20:00 Vigilia Pascual (traer velas)
Capillas
10:00 -13:00 Confesiones Capilla María Madre de la Divina Gracia, (Lomas de Mirasur)
19:00 Vigilia Pascual Capilla María Medianera (Nos)
20:30 Vigilia Pascual Capilla San Josemaría (Las Alamedas)
Domingo de Resurrección
10:30 Santa Misa
Capillas
9:15 Misa Capilla Santa Matilde
12:15 Misa Capilla María Madre de la Divina Gracia, (Lomas de Mirasur)

“Prepararnos a vivir con oración y misericordia esta Semana Santa”

ramosAsí lo destacó Monseñor Juan Ignacio González en la celebración de Domingo de Ramos en la Catedral de San Bernardo, dando inicio con gozo a la conmemoración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús.

Numerosos fieles se congregaron este domingo en el frontis de la Gobernación Provincial del Maipo, para la bendición de Ramos presidida por el Obispo de San Bernardo. Luego, se realizó la tradicional procesión por las principales calles de la comuna, que culminó en la Catedral repleta de fieles que recibió con los ramos en alto y cánticos la entrada del Prelado de la Diócesis.

Durante la Eucaristía Monseñor Juan Ignacio junto a dos diáconos permanentes, leyeron la lectura de la Pasión del Señor, según San Lucas, la que fue escuchada en silencio y con devoción por los asistentes que repletaron el templo.

Asimismo en todas las parroquias y capillas de la Diócesis se celebró el Domingo de Ramos con masivas procesiones por las calles y eucaristías que congregaron a numerosos fieles.

 

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Directores de todo Chile reciben formación en prevención de abusos

direcAcogiendo la invitación del encuentro del cuerpo directivo y provincial de la red de Colegios de la congregación de la Inmaculada Concepción a lo largo de todo Chile, la Comisión Diocesana de Prevención de Abusos del Obispado de San Bernardo, impartió una jornada formativa a todos los presentes.

La reunión desarrollada en el Auditorio del colegio Inmaculada Concepción en San Bernardo, contó con la asistencia de más de 70 profesionales de la educación, a los cuales se les ahondó en la a aplicación de las Líneas Guía Cuidado y Esperanza, para la Prevención de abusos y la promoción de ambientes sanos, es decir procedimientos claros y coordinados en el manejo de los casos de abuso, tanto para asistir a las víctimas como para formar a la comunidad eclesial en la protección de los menores de edad.

Las exposiciones estuvieron a cargo de Monseñor Juan Ignacio González, Obispo de San Bernardo; Padre Eric González, Promotor de Justicia de la Diócesis y la Sra. Sigal Rodríguez, abogada del tribunal Eclesiástico de San Bernardo, quienes abordaron los temas Elementos fundamentales para la comprensión del abuso sexual y su abordaje en la Iglesia; Abordaje del Abuso Sexual desde la Justicia Canónica – Civil; Abuso sexual en la Iglesia Universal y Chilena: el camino hacía el Cuidado y la esperanza y la Prevención del Abuso sexual.

Los presentes se mostraron muy satisfechos con las intervenciones, ya que estos lineamientos junto a los protocolos escolares, servirán para aunar esfuerzos en la prevención del abuso sexual en los colegios y cómo actuar frente a ello.

 

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Firme nuestra esperanza en defensa de la vida

1196425 aborto1Mensaje del Comité Permanente de la Conferencia Episcopal de Chile ante la aprobación en primer trámite del proyecto de Ley pro aborto, dirigido a los católicos y pueblo de Chile.

1. La Cámara de Diputados, con una relativa mayoría de votos, ha dado su aprobación al proyecto de Ley presentado por el actual Gobierno que preside la Sra. Michelle Bachelet, que despenaliza y permite el aborto en tres casos. Junto a muchos expertos, innumerables organizaciones de la sociedad civil, la Iglesia católica y otras confesiones cristianas, hemos señalado respetuosa y reiteradamente, que esta decisión constituye una grave ofensa a la dignidad del ser humano y en particular una agresión contra la vida del más inocente de todos los seres: el concebido y no nacido, al que la Constitución política afirma que la Ley protege. Creemos que esta decisión constituye una trágica expresión de la "cultura del descarte", en que los excluidos son considerados desechos "sobrantes" de la sociedad, como lo llama el papa Francisco (cfr. Evangelii gaudium, 53 y 74).

2. Agradecemos a los diputados que han defendido la vida humana desde su concepción hasta su muerte natural. Su testimonio es una expresión de coherencia que ennoblece el trabajo legislativo.

3. Mientras gobiernos y autoridades, también muchos de los legisladores a favor del aborto, debaten las diversas formas de salvaguardar la "casa común" de la humanidad, recordamos la afirmación del papa Francisco, que no "es compatible la defensa de la naturaleza con la justificación del aborto. No parece factible un camino educativo para acoger a los seres débiles (...) si no se protege a un embrión humano (...): «Si se pierde la sensibilidad personal y social para acoger una nueva vida, también se marchitan otras formas de acogida provechosas para la vida social»" (Laudato Si', 120).

4. Esperamos que el Senado de la República vuelva a estudiar en profundidad el proyecto de Ley aprobado por la Cámara baja. Más que abortos, nuestra sociedad, entre otras medidas, necesita la creación de unidades de acompañamiento a las mujeres con embarazos difíciles en todos los centros de salud, de salvar siempre ambas vidas y agilizar los itinerarios de adopción. Como siempre, junto a muchas otras instancias sociales, estamos disponibles para hacer llegar nuestros aportes y contribuir a salvaguardar la vida de nuestros compatriotas más vulnerables, así como acompañar a las madres que tantas veces se sienten presionadas a no tener al hijo que esperan.

5. En la cercanía de Semana Santa, en que celebramos a Jesús, Señor de la vida, los obispos de la Iglesia Católica de Chile invitamos a nuestros hermanos creyentes y no creyentes, a mantener firme la esperanza y a trabajar con más fuerza y decisión para que la vida y la dignidad de cada ser humano sea respetada siempre.

6. Esta es la hora de intensificar la oración por nuestra Patria y sus legisladores y de realizar las acciones legítimas que sean necesarias para asegurar que toda creatura humana tenga la posibilidad de desarrollarse en plenitud y ser feliz.

Que la Virgen del Carmen, madre de Chile, nos acompañe en la misión de hacer de Chile una "casa común", un espacio donde todos gocemos de un lugar privilegiado y donde la vida sea acogida, acompañada y respetada.

EL COMITÉ PERMANENTE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE

+ Ricardo Card. Ezzati Andrello
Arzobispo de Santiago
Presidente

+ Alejandro Goic Karmelic
Obispo de Rancagua
Vicepresidente

+ Fernando Chomali Garib
Arzobispo de la Ssma. Concepción

+ Cristián Caro Cordero
Arzobispo de Puerto Montt

+ Cristián Contreras Villarroel
Obispo de Melipilla
Secretario General

Santiago, 18 de marzo de 2016.

Al final, cada uno estará solo

obispoMensaje de Monseñor Juan Ignacio González publicado en El Mercurio sobre el tema de la legalización del aborto en 3 causales.

"En lo más profundo de su conciencia el hombre descubre una ley que él no se da a sí mismo, sino a la que debe obedecer y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los oídos de su corazón, llamándole siempre a amar y a hacer el bien y a evitar el mal. La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en él está solo con Dios, cuya voz resuena en lo más íntimo de ella" (GS 16).

Al final, cada uno de los parlamentarios deberá decidir conforme a su conciencia si es lícito en alguna circunstancia poner fin a la vida de otro ser vivo, inocente, de su misma especie, que ya está en nuestro mundo. Por eso "es preciso que cada uno preste mucha atención a sí mismo para oír y seguir la voz de su conciencia". No es posible actuar en bloque, partidariamente o por razones políticas. "Retorna a tu conciencia, interrógala... retornad, hermanos, al interior, y en todo lo que hagáis mirad al Testigo, Dios", dice San Agustín.

Hay un grupo de chilenos y chilenas, elegidos por sus compatriotas, que responden de sus decisiones políticas ante nosotros, pero también ante Dios. La conciencia propia debe hablar a cada uno. Es necesario que cada uno la interrogue. Es un proceso difícil que obliga en la interioridad. Se trata de un juicio personal al que se llega como conclusión de un razonamiento que consiste en "aplicar a una situación concreta la convicción racional de que se debe amar, hacer el bien y evitar el mal" (VS 59). Tal discernimiento puede tener lugar con la luz que arrojan los primeros principios, que son auténticos criterios de valoración y juicio. Uno de ellos: una cosa y su contraria no pueden ser simultáneamente ciertas. No puede ser aceptable en un caso quitar la vida a un inocente y en otro estar prohibido. Siempre está prohibido. Nadie está exceptuado de este proceso. Menos los que han sido elegidos para regir la sociedad hacia el bien común. No basta decir yo no soy creyente, porque este proceso no tiene que ver con concepciones espirituales o religiosas.

En este razonar de cada uno cabe siempre la posibilidad del error de conciencia, de un dictamen no conforme a la verdad. El error de conciencia puede ser resultado de la ignorancia invencible sobre algunas verdades morales y, por tanto, quedar exento de culpa el que en él incurre. Quedará a salvo la dignidad de la persona, pues aunque las acciones que la conciencia prescribe no son rectas en sí mismas, por no ser conformes con la verdad objetiva de la norma moral, son realizadas precisamente porque se juzga erróneamente que son conforme al bien del hombre. Pero eso no significa que el error de conciencia sea algo inocuo y sin consecuencias sociales y personales. Las acciones fruto de una conciencia invenciblemente errónea son acciones malas en sí mismas, por más que no hagan injusto a quien las realiza: "...el mal cometido a causa de una ignorancia invencible, o de un error de juicio no culpable, puede no ser imputable a la persona que lo hace; pero tampoco en ese caso deja de ser un mal" (VS 62).

Pero hay también una conciencia que es venciblemente errónea. Puede que un error no sea completamente advertido, pero no se puede declarar por ello exento de culpa sin más a quien actúa según dicha conciencia. Es el error que no se aprecia como tal, pero que es fruto de una incapacidad que uno voluntariamente se ha causado, un error resultado de acciones u omisiones culpables. Es muy difícil que en el nivel intelectual de los parlamentarios, personas capaces de informarse, estudiar, escuchar y reflexionar, se pueda alegar una conciencia que es incapaz de conocer el bien en una materia tan decisiva como es la salvaguarda de la vida humana concebida, sobre todo después del proceso legislativo recorrido.

Puede acaecer también que alguien actúe con una conciencia dudosa respecto de que su decisión sea verdaderamente lo mejor para el ser humano y la sociedad. Quien se encuentre en esa situación de conciencia dudosa -en materias discutidas casi siempre se da esta posibilidad- debe tratar de salir de ella, aunque ello comporte incomodidad y esfuerzo, y mientras no adquiera certeza de que lo que hará es bueno -votar por una ley que permite en ciertos casos poner fin a la vida humana-, debe abstenerse de actuar. Está en juego la obediencia a la propia conciencia y la dignidad personal. Se está obligado, entonces, a realizar un examen más a fondo de la situación, al estudio y a la reflexión personal, que certifique la recta intención y que la decisión es un bien.

Al final, cada diputado y senador estará solo frente a su conciencia y su decisión afectará a muchas personas, pero en el caso concreto, afectará a la vida de otro ser de su misma especie y adquirirá la responsabilidad moral ante la sociedad y ante el Creador de haber sido instrumento esencial para impedirle ver la luz del sol que a todos alumbra por igual.

Juan Ignacio González E.
Obispo de San Bernardo

Misa por los hermanos fallecidos en situación de calle-

misioneros1En la Eucaristía presidida por Monseñor Juan Ignacio González que se enmarca en la celebración del Jubileo de la Misericordia, se recordó y rezó por las personas que han partido a la casa de Señor y que viven en situación de Calle.

La ceremonia celebrada en la parroquia Ntra. Sra. del Rosario contó con la presencia de la Alcaldesa Sra. Nora Cuevas y diversas instituciones públicas y privadas, además de los voluntarios del grupo Misioneros de Cristo, que trabajan y ayudan a las personas más vulnerables en la Comuna de San Bernardo.

Al inicio de la Misa se leyó los nombre de los fallecidos, algunos con sus apodos, porque muchas veces no se conoce bien como se llamaban. En su homilía Mons. Juan Ignacio González destacó que hay que seguir este trabajo en conjunto con los grupos voluntarios, el municipio y la Caritas del Obispado de San Bernardo para ir en ayuda de las personas que aun viven en condiciones críticas y en la calle.

Al final se ofreció a los asistentes un sencillo almuerzo en las dependencias de la parroquia. Un bello gesto por nuestros hermanos más necesitados y un compromiso para seguir trabajando con ellos y por ellos.

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